lunes, 22 de junio de 2009

LA LIEBRE Y LA TORTUGA


LA LIEBRE Y LA TORTUGA

En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz. Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga.

¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! Decía la liebre riéndose de la tortuga.

Un día conversando entre ellas, a la tortuga se le ocurrió de pronto hacerle una rara apuesta a ala liebre.

Estoy segura de poder ganarte una carrera, le dijo ¿A mi? Pregunto la liebre. Pues si a ti. Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quien gana la carrera.

La liebre muy divertida acepto, Todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. Se señalo el camino y la llegada. Una vez estuvo listo, comenzó la carrera entre grandes aplausos.

Confiaba en su ligereza, la liebre dejo partir a la tortuga y se quedo remoloneando.

¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lenta tortuga!

Luego, empezó a correr, corría veloz como el viento mientras la tortuga iba despacio, pero eso si, sin parar, enseguida, la libre se adelanto muchísimo. Se detuvo al lado del camino y se sentó a descansar.

Cuando la tortuga pasó por su lado, la liebre aprovecho para burlarse de ella una vez más. Le dejo ventaja y nuevamente emprendió su veloz marcha.

Varias veces repitió lo ismo, pero a pesar de sus risas, la tortuga siguió caminando sin detenerse. Confiada en su velocidad, la liebre se acostó bajo de un árbol y ahí se quedo dormida.

Mientras tanto, la tortuga seguía su camino hasta llegar a la meta. Cuando la liebre despertó, corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, la tortuga había ganado la carrera.

Aquel día fue muy triste para la liebre y aprendió una lección que no olvidaría jamás. NO HAY QUE BURLARSE JAMÁS DE LOS DEMÁS. TAMBIÉN DE ESTE DEBEMOS APRENDER QUE LA PEREZA Y EL EXCESO DE CONFIANZA PUEDEN HACERNOS NO ALCANZAR NUESTROS OBJETIVOS.

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